domingo, diciembre 22, 2019

GRIEZMANN Y LAS EX


Es mentira. Nadie se lleva bien con su ex, va contra la lógica. Al menos en cualquier unión en la que haya habido más pasión que burocracia. Cuando una relación termina, por mucho que insistamos, los deseos y las mentiras de protocolo permanecen en aire el tiempo justo, hasta que salen a flote los reproches, las deudas y las traiciones. Y cuando te quieres dar cuenta, estás en casa recortando las fotos y con la duda de si alguno de los besos no estaba infectado.
Griezmann volverá el domingo al Metropolitano y no será bien recibido, porque su relación con el Atleti fue intensa, a fogonazos, de las que dejan la cama que no sabes si debes cambiar las sábanas o quemarlas. Ocurre siempre en el fútbol cuando los trofeos y las decepciones se almacenan junto a los recelos y las infidelidades. Hasta tuvo un cuñado plomizo, de esos que aparecen en el momento más inoportuno, tocando las narices en las redes sociales. Aun así, es innegable que el galo fue capital en el juego del Atleti estos últimos años, hasta el punto de convertirse en el quinto máximo goleador de la historia del Atleti. Pero, tan cierto es eso como que, en un partido clave como la final de Milán, Griezmann falló el penalti en el momento decisivo. Por no mencionar el encuentro del año pasado en Turín, donde se mostró apático y distante, para más tarde descubrir que lo jugó con el cuello de la camiseta manchado de carmín azulgrana y aroma a pan tumaca.

Decía Gengis Kan que no basta con tener éxito, los demás deben fracasar. Como soy un tipo con ambiciones de andar por casa, incluso me basta con que los demás fracasen. Por eso se me dibuja una sonrisa de satisfacción cuando me cruzo a mi ex y no veo ya en sus ojos la chispa que tenían cuando estaba conmigo. Arda, Carrasco o Theo podrán contar como se marcharon buscando la pasión con otra pareja, pero sólo encontraron problemas, soledad y rutina. El caso de Griezmann es todavía más flagrante, ya que ha canjeado su rol de estrella indiscutible por el de comparsa invitada. De líder de un proyecto a cebar los mates para otros. Se ha convertido en el invitado a la fiesta por el que nadie pregunta cuando no aparece. Desde la distancia da la sensación de que se ha adaptado al Barcelona igual que los brasileños a los bailes cosacos. Por eso disfrutamos viendo a los aficionados culés o sus compañeros de equipo, escrutándole con recelo, como haría una madre cuando su hija le presenta al novio que le puso los cuernos el verano pasado, y que arrastra tras de si los escombros de un divorcio y un par de pensiones de paternidad.
            Griezmann eligió engordar su palmarés en el Barça antes que convertirse en una leyenda del Atleti. Una decisión que le marcará para siempre como un tipo que escogió pasar el resto de su vida con una mujer con la que compartir el deportivo, la mansión y su cuenta corriente. Algo respetable, sin duda. Pero que le aleja de los atléticos, que siempre preferimos a las mujeres con las exista el riesgo de poder acabar en alcohólicos anónimos, en bancarrota o con la posibilidad de contraer alguna venérea.

(texto publicado originalmente en La Vida en Rojiblanco el 29 de noviembre de 2019 Griezmann y las ex)