jueves, noviembre 02, 2006

Derrota

Creo que todo empezó con Sabina y su universo de perdedores. Aquella chica de medias negras, el peor dotado de los conductores suicidas, todos los que tardamos en aprender a olvidar, tan joven y tan viejo... No ayudó Ethan Edwards cuando se quedó apoyado en el quicio de la puerta, ni Rick Blaine cuando insistió para que Sam volviera a tocarla una vez más. Tampoco lo hicieron William Munny, Pike Bishop y su Grupo Salvaje, y mucho menos Willie Conway cuando optó por olvidar a Marty, aquella Beautiful Girl a la que todos los demás no pudimos olvidar jamás

Cuando Bogart y Eastwood pierden, su armadura de caballero andante todavía brilla más y, en realidad terminan ganando, aunque simplemente sea un ático con vistas en nuestro corazón. ¿Pero, por qué? La respuesta era obvia, estaba ahí, pero no supimos verla… Porque son Bogart y Eastwood. Deberían avisar que jugar a ser perdedor en la vida real puede traer consecuencias catastróficas. “Rodaje realizado por especialistas”, “Consulten a su farmacéutico”, “No intenten hacer esto en sus casas”.



Comenzó con cosas banales, como los dardos, el poker y el cabello. A mitad de la partida me di cuenta de que los juramentos de amistad y amor eterno habían sido hechos sobre una biblia de ceniza. Los títulos de crédito asomaron cuando comencé a abandonar pequeños trozos de orgullo arrastrándome por lugares que fueron míos y que ya no lo eran. Cuando me di cuenta de que ya no me gustaba aquel traje de perdedor, cuando quise desprenderme de aquella coraza era ya demasiado tarde. Se había pegado a mi cuerpo y el disfraz se había convertido en piel, mi piel, mi yo.

Los perdedores sólo resultan atractivos en el cine o en una canción. En la vida real no. En la vida real han perdido el atractivo y hasta la mismísima puta gracia.


Solo hay una cosa peor que ser un perdedor y es ser uno de esos tipos que se sientan en un bar a contar la historia de como se volvieron perdedores
Homer Simpson · The Simpsons

6 Comentarios:

At 03 noviembre, 2006 03:01, Anonymous Gaby dijo...

me recordó a varios libros de Paul Auster que leí, sus personajes suelen ser perdedores.

El Libro de las Ilusiones de Auster, es altamente recomendable, así como El Palacio de la Luna. Esos sí que son perdedores.

 
At 07 noviembre, 2006 10:00, Blogger Pete Vicetown dijo...

Creo haber estado en el Korova. No lo recuerdo bien pues me lo impide el humo. Será un placer dejar que me invites a la penultima.
Un gustazo leerte.

 
At 08 noviembre, 2006 21:39, Blogger Celeste dijo...

Creo que no elegí mal al aceptar tu invitación al Korova. Tengo cierta fascinación por el estilo de este mundo salvaje y descarnado. Guiado por las pasiones y resuelto en la más absoluta escasez de opciones. La sordidez del lugar me hechiza, me seduce. Definitivamente me atrae.

Tal vez en la piel queden rastros de alguna vida pasada en la que fui parte del clan de los "tipos duros" y quizás re-encarné en la más peligrosa de las formas... La femenina.

Un gusto y besos celestes.

 
At 09 noviembre, 2006 02:54, Blogger Krestian dijo...

De acuerdo, Jake. De acuerdo. Y luego los ves, a esos disfrazados de dandies, con la máscara del triunfo puesta, tan superficial y barata que la etiqueta de "Made in China" les asoma por el costado, llevarse a la chica. Porque ellos mismos son tan baratos como su truco, que ni siquiera se toman el trabajo de disimularlo con estilo.
Y luego pierden, sí, luego las dejan ir con más argucias, con más cobardía, pero el truco ya está hecho, y tanto ellos como ellas saben que ellas los extrañarán mientras vivan.
Qué puedo decirte, Jake, sólo dos cosas - que odio este siglo light edificado sobre ladrillos de mentira; y que yo voy a querer otro doble sin hielo. A tu salud.

 
At 09 noviembre, 2006 11:39, Blogger Mendieta Quintana dijo...

Los auténticos perdedores, nunca reconocen que lo son...
Besos con sol.

 
At 10 noviembre, 2006 10:10, Blogger Jota X dijo...

La ficción es la única que sostiene la filosofía del loser, en el mundo real hay que tener los puños de piedra y el aguante de un fakir.
Claro que esto no quiere decir que no se pierda de vez en cuando, pero la cosa no es andar botando lagrimas por ahí.

 

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