miércoles, junio 30, 2010

Aroma de leyenda

Los días buenos en el Korova tiene uno la oportunidad de ver resbalar las historias por los vasos de whisky. Algunas de ellas acuden a la barra de forma recurrente, como la leyenda de Paul Marrige. Paul es uno de esos tipos a los que no les cabría la reputación en los bolsillos. Su apuesta imagen de guapo descuidado y sus modales de galán circularon durante años por todo Chicago como el maldito viento. Incluso la policía se preocupaba de averiguar donde había comprado los trajes que llevaba en sus atracos antes que de localizar el botín. Él se dedicaba a dar golpes selectos, ejecutados pulcramente, y luego pasaba largas temporadas disfrutando del botín hasta que la necesidad le hacía actuar de nuevo. Y aunque trabajó con la banda de los hermanos O´Donell, prefería trabajar por libre o con compañeros que elegía para la ocasión.
Verle entrar al Korova y sentarse en la barra recuperaba todo lo que yo había escuchado sobre él. Tenía tan buena fama que incluso aseguraban que había atracado algún banco armado tan sólo con una sonrisa y sin necesidad de disparar ni una sola mirada. Hasta contaban que, en su detención tras el atraco a una joyería, la policía consideró un arma el pañuelo de seda italiana que adornaba su cuello. La policía sólo logró incautarse de esa prenda y del número de teléfono que una dependienta había deslizado escrito en un papel dentro del bolsillo de Paul.
Pero el juez no tuvo compasión y le condenó a doce años en la prisión de Chicago. La cárcel, que por lo general roza un barniz ajado en cualquiera, hizo que Paul conservara todo su empaque. Dios santo, hasta parecía que las arrugas se las hubiera hecho su cirujano plástico.
El día que nos visitó en el Korova atesoraba ese aspecto digno que solamente tienen los tipos que han sido educados con hambre y de forma pulcra y honrada. Ver a Dave, el ladino dueño del Korova, invitar a una copa a un cliente era un acontecimiento que solo unos pocos privilegiados aseguran haber visto. Así que el que le hiciera una seña a Paul para que guardara la cartera fue su gesto más altruista desde la noche que le sirvió la copa Lizz Cannigan con dos posavasos siete años antes. Paul Marrige exhibió su legión de blancos dientes que le hicieron famoso y agradeció el gesto con la cabeza. Agarró su sombrero y se largó dejándonos el inconfundible aroma a prisa y torpeza que llevan los tipos recién puestos en libertad.
Cuando se marchaba topé con la mirada nostálgica de Lisa Jones viéndole salir. Lisa llevaba largo tiempo trabajando en el club y le pregunté: “¿le conociste bien?”. “Pasé alguna noche con él. Era un encanto” dijo sin dejar de mirarlo hasta que, recordó algo y me dijo: “¿sabes Pike?, me habló del tiempo que pasó en Francia cuando estuvo en la guerra. Cuando le oía hablar de aquel país tenía la sensación de estar allí, te hacía sentirlo tan próximo… . Maldita sea Pike, con un tipo así, hasta tuve la sensación de que si nos fuéramos a la cama me haría el amor en francés”.


- No me gustan sus modales.
- A mi tampoco los suyos y no he pedido esta entrevista, a mi tampoco me gustan mis modales, me hacen llorar las noches de invierno y me importa tanto que le moleste como que se tome la sopa con tenedor.

Vivian Rutledge (Lauren Bacall) & Philip Marlowe (Humprey Bogart) · El sueño eterno

2 Comentarios:

At 08 julio, 2010 00:01, Anonymous Jesús Garrido dijo...

perdona, he llegado hasta aquí por accidente, estaba hablanco con mi amiga por teléfono cuando un mosquito se ha parado en la pantalla del móvil, echaré un vistazo al blog, [el mosquito ha muerto, lo he chafado]

 
At 12 septiembre, 2010 13:24, Blogger RECOMENZAR dijo...

Un blog se alimenta de comentarios como nosotros de besos... te escribo esperando el tuyo desde mi alma a los besos...

 

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